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Estimada/o lectora, lector de la Comunidad del ICEMD.
Nos estamos acercando al final de nuestra fascinante
expedición al nuevo mundo del marketing
y del consumidor 2.0. Han sido muchos meses descubriendo
juntos este nuevo marketingland y conociendo cómo
debemos actuar y reorientar nuestras relaciones
con el cambiado cliente 2.0. Toda una experiencia
conjunta que usted ha podido leer online en esta
comunidad del conocimiento, sin tener que suscribirse
a revista alguna, sin desembolsar ni un solo euro,
y desde cualquier parte de nuestro planeta. Gracias
a la visión de nuestros queridos Joost
Van Nispen y Enrique Benayas, que tuvieron esta
gran idea de poner en marcha una comunidad activa,
innovadora y de potentes contenidos, para todo
los inscritos.
Para ir finalizando esta colección de
artículos ampliemos hoy nuestro horizonte
del marketing y del consumidor a toda esta sociedad
con la que convivimos en este final de 2008 lleno
de grandes incertidumbres y una crisis que asusta.
Ludger Heidbrick, autor, nos habla en GDI Impuls
del principio colectivo de la responsabilidad.
Que según él es hoy el “principio
del nadie se hace responsable”. Vivimos
una curiosa coyuntura en la que el concepto tan
escuchado de la responsabilidad está en
la política de medioambiente, en la económica,
en la reestructuración del estado social
o en la reforma del mercado laboral. Una y otra
vez se pide responsabilidad. Pero la realidad
que vemos parece ser otra. La complejidad de las
sociedades modernas cada vez hace más difícil
encausar a los que producen daños. Ludger
Heidbrick explica cómo llegamos a una situación
paradójica que hace que nuestra sociedad
quede paralizada, ya que hablamos demasiado de
responsabilidad y nadie se moviliza.
Según el autor existe cierta irritación
que invade la denominada sociedad del conocimiento
y de la información. Después de
que parecía que durante mucho tiempo habíamos
creído que conocimiento y formación
son las materias primas del futuro, aumentan ahora
las dudas de si esto es así. Se habla mucho
de clusters y de redes. Pero crece el escepticismo
de que de esta manera se logre mayor productividad
e innovación. La sociedad de la responsabilidad
es lo contrario a la sociedad de redes sociales
o civil. En la que empresas, grupos sociales o
ciudadanos se toman sus destinos como algo propio.
Preocupándose de forma independiente del
estado de sus negocios y sus ingresos personales.
Existen muchos ejemplos de que vamos hacia una
sociedad de la responsabilidad, según este
autor. La reestructuración del estado del
bienestar y las reformas de la seguridad social
requieren de un ciudadano que participe más
en la sanidad pública y en el sistema de
pensiones. La flexibilidad y movilidad en el mercado
laboral fomentan un nuevo tipo de trabajador:
el autónomo laboral que se preocupa por
si mismo por su progreso laboral. La retirada
del Gobierno de las instituciones públicas
trae consigo un mayor engagement del ciudadano
para mantener jardines de infancia, colegios o
centros de encuentros. Los museos, teatros y universidades
encuentran el apoyo de fundaciones privadas. Las
empresas comienzan a verse como “good corporate
citizen”. Que con medios financieros y acciones
beneficiarias echan una mano a la sociedad.
Visto así, el concepto de la responsabilidad
está en auge. En la economía y el
marketing de hoy se habla mucho del “corporate
social responsability”, la responsabilidad
social corporativa. Y no es casualidad todo esto.
Normalmente la responsabilidad sirve para tener
en cuenta consecuencias de acciones producidas
por decisiones de personas. Sin que en un principio
alguien tenga la culpa. Cambio climático,
destrucción del medio ambiente, paro, crisis
económica o recesión, nadie lo ha
querido. Y sin embargo, dice Ludger Heidbrink,
por motivos de prevención de los peligros
tomamos precauciones y la incluimos en nuestra
área de responsabilidad.
La moda o coyuntura del principio de responsabilidad
es una reacción a la creciente inseguridad
en nuestra actual sociedad. Preocupándose
de que procesos incontrolables sigan bajo control
humano. Fomentando que los técnicos e ingenieros
planifiquen con más cuidado ante las inseguridades.
Que los empleados vayan más allá
de sus tareas habituales y se preocupen de metas
más lejanas. Y de que el ciudadano cree
un sentimiento de unidad.
Pero lo contradictorio, anota el autor, es que
así el principio de la responsabilidad
se contradice más y más. Por lo
que el cambio de la sociedad a una autoorganización
crea nuevas formas de dudas y de no sentirse responsable.
Incluso dice en su texto en GDI Impuls que una
de las causas por las que se han hundido sociedades
enteras (pensemos ante qué momento crucial
se encuentra ahora la nuestra con esta crisis
gigantesca que vivimos a nivel global), es el
hecho de que las evoluciones desastrosas no se
pueden anticipar. Pues no se han tenido experiencias
con las mismas. O no se nota el peligro, porque
este llega a hurtadillas. ¿A qué
momento que vivimos le suena todo esto? Lo más
habitual, continúa, es que las sociedades
ni siquiera se molestan en solucionar los problemas,
aun a pesar de conocerlos, porque les es más
ventajoso no hacer nada. Y por último puede
que se haga algo, pero sin tener éxito,
al no emplear los medios correctos y no disponer
del know how necesario.
Menuda la que nos podría esperar según
estas teorías. Mejor dejarlo aquí.
No quiero ser yo hoy responsable de caras largas
ante lo que se nos avecina. Ojalá con nuevas
ideas, con creatividad, imaginación y quizás
con esta expedición hacia el conocimiento
de un marketing mas afinado y adecuado al complejo
momento de consumidor y de su consumo, que vivimos,
sirva para afrontar esta nueva era. ¿Habré
logrado mi objetivo tras tantos meses juntos?
Ya me dirá usted...
Javier Piedrahita
Columnista de la Comunidad ICEMD
Director del Portal MarketingDirecto.com
javier@marketingdirecto.com
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