Estimada/o lectora, lector de la Comunidad del ICEMD.
Seguimos por fin con esta columna que nos lleva
al fascinante viaje al interior de nuestra “caja
negra”, tan misteriosa y desconocida, llamada
cerebro. El gran viaje “al fondo de nuestras
decisiones”, al neuromarketing que tan imprescindible
se va a hacer en los departamentos de marketing
más punteros en este confuso 2009. Antes,
sigamos echando un vistazo a lo esencial de ese
documental que les ofrecía aquí.
Recuerdan, lo dejaba con la frase “El mundo
complejo de los productos esta dominado por las
marcas. Solo unas pocas y que caben en una mano,
llegan a ser un icono comercial.” Y aquí
mismo sigo, segunda hora del documental:
Queda por descifrar la interrelación del
background cultural de cada ser humano con su
comportamiento de compra. Pues una marca exitosa
debe funcionar en todo el planeta, no solo en
Europa. ¿Por qué un japonés
se comporta totalmente distinto a un español
cuando compra? Según el Dr. Christian Schleyer
(neuropsicólogo en Hamburgo) la cultura
influye y cambia el cerebro humano. Descifrar
este misterio será de gran avance para
el marketing y las decisiones que hay que tomar.
Anatómicamente los cerebros son iguales
en todo el planeta. Pero no culturalmente, pues
han ido evolucionado durante cientos de años.
Esto es otro nuevo dato científico que
nos ofrece la mirada al cerebro, gracias al carísimo
tomógrafo. La industria publicitaria está
al comienzo del uso de estos conocimientos. Ejemplo,
publicitar un coche. Se hace en Alemania en folletos,
gráfica, etc. y el coche sale con fuerza,
dinámica, potencia en esas imágenes.
Y hasta ahora se hacía igual para otros
mercados como el chino o el japonés. ¡Menudo
fracaso! Porque en estos mercados el producto
debe salir en un contexto. Con calles, casas,
etc de su entorno. No destacando el coche por
el coche como hacemos aquí. Esto son revelaciones
conseguidas gracias a la neurociencia. Por lo
que sabemos, aunque hablan muy poco de ello, todas
las grandes empresas internacionales están
utilizando estos conocimientos que avanzan gracias
al neuromarketing y su constante evolución.
Estamos comenzando a entender las diferencias
culturales. Y comenzamos también a descifrar
el efecto de las marcas sobre el cerebro del consumidor
al descubrir las redes neuronales que manejan
esto. ¿Es el consumidor de cristal ya una
realidad? ¿Le hemos iluminado de arriba
abajo, le hemos entendido, le podemos manipular
mediante la neurociencia? La economista alemana
Dra. Hilke Plasmann realizó sorprendentes
pruebas en el Instituto Tecnológico de
Pasadena, California, con vinos de esa zona, para
averiguar científicamente el efecto del
precio de un vino sobre su disfrute. El precio
crea una expectativa en nosotros de lo bien que
sabrá el vino que hemos adquirido. Que
luego se plasma en que sentimos realmente ese
mejor sabor según se deduce de las áreas
más activas en el cerebro al probar el
vino. Como vemos, es increíble. El precio
por sí mismo es capaz de modificar nuestro
sentido del gusto. Las obsoletas encuestas para
el marketing (tan utilizadas aún en España)
jamás podrían darnos este tipo de
datos muy reveladores y exactos y que marcan un
antes y un después. Porque la mirada al
interior del cerebro es insobornable. La mirada
a través del tomógrafo nos muestra
el sistema de recompensa del cerebro humano y
nos abre nuevos campos para el marketing, tan
necesarios en estos tiempos de cambios, crisis
y con ello cierta confusión.
Otro campo donde el neuromarketing avanza de
forma imparable es el de los descuentos. Los grandes
carteles que ofrecen tal y cual descuento atraen
como imanes al consumidor. El doctor Bernd Weber
de Life & Brain en Bonn ve en la neuroeconomía
la posibilidad de entender y demostrar el proceso
de funcionamiento del cerebro. En el caso de los
grandes carteles de descuentos observa en el tomógrafo
una disminución de la actividad en parte
del cerebro donde se cuestionan los asuntos en
cuanto a la reacción a tomar sobre esta
o tal decisión. La gente deja de pensar
al enfrentarse a estos carteles de descuentos.
Lo que en cambio sí se activaba más
era el área de expectativa de recompensa.
Lógico, pues el consumidor piensa que hará
un buen negocio con ese descuento del tanto por
ciento. El producto es la recompensa. El precio
a pagar, es la pérdida. Nuestro sistema
cerebral de recompensa hace el balance entre ambos
en milisegundos. ¿Merece la pena esa compra
o no? ¿Gano más con esta adquisición
o duele mas la pérdida del importe a abonar?
Y aquí lo dejamos por esta semana. Como
ven, queda mucho camino por recorrer, por averiguar,
por saber. En esta nueva serie sobre los últimos
avances del neuromarketing vamos por buen camino.
Siga con nosotros aquí en este espacio.
Javier Piedrahita
Columnista de la Comunidad ICEMD
Director del Portal MarketingDirecto.com
javier@marketingdirecto.com
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